Hay que ver cómo han cambiado las cosas en 1 año... El año pasado todo parecía tan claro, tan normal, tan lo que sabía que iba a pasar...
Ahora Jorge está en Madrid, Pilar en Valencia, Andrea en Guinea. Personas que parecían esenciales en mi vida han desaparecido por completo. Ha aparecido gente nueva, maravillosa, increible. Me desenamoré con lágrimas y sangre para pillarme a fuego de un alma que ahora vive en Canarias. Suspendí el curso en Junio. Lo aprobé en septiembre. Me convierto en políglota y/o modelo en vez de en periodista, que es lo que quería. Me entregué a este blog para luego abandonarlo por vergüenza. Imperdonable. Y, lo más alucinante, estoy a 2 semanas de empezar con esa rara o inquietante experiencia que es vivir sola. Me mudo a Valencia. Paradójico porque Andrea de repente ha decidido irse.
Todo es tan distinto a como empezó en Septiembre del año pasado...
Soy de ese tipo de personas que no saben querer a las personas. No sé racionalizar mis sentimientos. O me caes bien y te quiero a muerte y sin condiciones, o simplemente me das igual. No tengo medidas y ese es mi problema.
A la gente que aprecio la quiero mucho, pronto y durante mucho tiempo. Problema también. Me entrego demasiado y, a la vez, no lo suficiente. Creo. ¿Qué pasa entonces? Que vivo en un mundo que se ilumina únicamente por esas personas a las que amo y de repente ¡pum! desaparecen y todo me parece oscuro y aburrido. No sé estar sola. Otro problema. No sé a quién llamar ahora que Andrea no está. No tengo con quién delirar sin freno porque Jorge se ha ido. Y para una persona que se queda, voy y la dejo sola... Es bastante triste la situación.
Pero lo he pensado, me he dejado aconsejar. Tengo 18 años. La mayoría de mis amigos también los tienen. Es nuestro momento de madurar, de aprender a vivir sin depender de nadie. Sobrevivir a fase de fuerza, eso es. Y no dramatizar porque no sirve de nada. Si son amigos de verdad, si pertenecen a ese grupo de gente a la que quiero, eso no va a cambiar. Ni por mi parte ni por la suya. Además, que diciembre es un mes que llega todos los años (por suerte o por desgracia, tarde o temprano) y es la fecha límite que tengo para verlos a todos.
Hablo de sentimientos, no existen kilómetros.
Ha pasado 1 año. Ya somos lo bastante mayores como para patalear por tonterías.
Las ganas de conocer lo que hay después del mar
